12 de abril de 2010

HAITÍ Y CHILE: ENTRE EL OLVIDO Y LA DESOLACIÓN

Los dos terremotos que azotaron a estos países del continente americano dejaron miles de muertos y destrucción en la infraestructura inmobiliaria, los ojos del mundo se posaron sobre algunas de las historias de sobrevivientes y en los casos dramáticos de familias desaparecidas o niños huérfanos.

Las imágenes de saqueos coparon los noticieros, la desesperación, el dolor y el drama humano irrumpió en cada uno de los hogares que seguían a diario las consecuencias de los dos fenómenos naturales que ocurrieron en el continente, los medios mostraron un mundo caótico y deshumanizante, convirtieron la desgracia y el hambre en morbo periodístico.

La fuerza del sismo de 7,3 grados en la escala de Richter que azotó el martes 12 enero a Haití, según Roger Searle, profesor de geofísica en la universidad de Durbam en el Reino Unido, fue 35 veces más potente que la bomba atómica lanzada, por Estados Unidos, sobre la ciudad japonesa de Hiroshima en 1945 en la Segunda Guerra Mundial.

Pero el terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter que sacudió a Chile el sábado 27 de febrero fue 500 veces más fuerte que el de Haití, incluso, dos horas después del movimiento telúrico, se produjo un tsunami en la isla costera de Fernández.
Estas analogías son un parámetro de medición que nos permite tener una real magnitud de la fuerza de los terremotos que afectaron la capital haitiana de Puerto Príncipe y la ciudad de Concepción en la región chilena denominada Bio Bio.

Sin embargo, el número de víctimas es diametralmente diferente entre estos dos países, en el caso de Haití murieron más de 100 mil personas y en Chile el fenómeno natural segó 800 vidas.

Pero por qué existe una gran diferencia en el número de muertos. Entre las causas podemos mencionar el nivel económico de cada país, la calidad del material utilizado en las edificaciones y la permisibilidad para construir en zonas de alto riesgo.

A esto se suma que Haití está asentada sobre dos placas tectónicas: la de Norteamérica y la del Caribe, que a su vez están separadas por la Microplaca de Conave. Y Chile se encuentra cimentada sobre la placa Sudamericana y la de Nazca. La inestabilidad de las placas, el constante desplazamiento y fricción de estas liberan mucha energía lo que provoca grandes terremotos cada cierto tiempo.

Sin embargo, algunos aventureros trataron de usufructuar de la desgracia ajena y aseguraron que el fenómeno natural era una reprimenda divina, seguramente en su afán de llamar la atención Pat Robertson, evangelista norteamericano y ex candidato a la presidencia de EEUU dijo que “la culpa es de los propios haitianos, porque practican el vudú y hacen pactos con el diablo”.

Este tipo de alocuciones no tienen ni pies ni cabeza y sobre todo demuestran un gran desconocimiento de la historia cultural de otros pueblos.

Por su parte, la comunidad internacional no se hizo esperar e inmediatamente, en los dos casos, se solidarizó con las necesidades más apremiantes de cada país y se coordinaron brigadas de ayuda humanitaria y entrega de alimentos. Además, varios presidentes se comprometieron a colaborar en la reconstrucción de Haití y Chile.

Lamentablemente Estados Unidos envió más de 10 mil efectivos militares a Puerto Príncipe en una operación denominada “respuesta unificada”, con el supuesto objetivo de controlar los disturbios que se presentaban en sitios estratégicos del país, pero este desplazamiento de soldados norteamericanos a la isla tuvo un sin sabor en el mundo entero ya que se interpretó más como una ocupación que como una ayuda.

Según Alejandro Moreano “Haití es un sitio estratégico para el control militar de Cuba, América Central y Venezuela” y desde ahí se puede entender de mejor forma la llegada de las “tropas yanquis” al país caribeño.

Después de tres meses del terremoto en Haití y de dos meses del de Chile, el olvido de los medios de comunicación de la realidad de estos países y la desolación de los damnificados a la espera de la reconstrucción es evidente.

La visita de personajes famosos a los lugares devastados permite que nuevamente el mundo entero recuerde que ahí ocurrió un fenómeno natural que destruyó cuanto pudo.

Desafortunadamente el círculo vicioso del mercado informativo que está atado a la coyuntura, la primicia y la inmediatez en el que se desenvuelven los medios de comunicación, fragmentan la realidad y la ocultan. Hoy somos testigos presenciales de los embates del invierno en Brasil, Perú y Ecuador y estaremos a la expectativa de lo que mañana suceda para que nos ayuden a olvidar las imágenes del pasado en las que se mostraban a mujeres cocinando galletas de lodo y a miles de personas en busca de comida para poder sobrevivir.

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